“El viaje de Chihiro” es según mi opinión una de las mejores obras de Hayao
Miyazaki el padre de “Totoro”,
sin duda es una joya del Anime.
Después de sorprendernos con “La princesa
Mononoke”, nos presenta a Chihiro y al resto de personajes que intervienen
en una historia que busca su significado en las metáforas decoradas con chispa,
en un mundo paralelo al nuestro que, como si de un espejo se tratase, nos
enseña la peor cara de la realidad tras despertar de un sueño.
“El viaje de Chihiro” no busca únicamente entretenernos; sino que va más allá,
erigiéndose como un puzzle, enseñándolos a auto-educarnos, mostrando nuestra
oscuridad interior, y lanzando un halo de esperanza para la sociedad humana,
transformados desde hace décadas en simples cerdos.
La película refleja los defectos del ser humano, en
concreto el daño que ha provocado la sociedad capitalista. Dibuja con tono afable
y familiar la pirámide sobre la que se asienta una “democracia” sometida por los
propietarios. También habla del amor por la vida, la benevolencia, la lucha por
la naturaleza, y encandila a todo aquel que se encariña con uno de los muchos personajes
que aparecen en ella.
Quizás Miyazaki pretendía dejar como “herencia” un
mensaje para la sociedad, puede que sea un intento de impulsarnos hacia el
cambio. Es una película diferente a las demás; se aproxima a la realidad
mediante un mundo fantástico en el que descubrimos nuestro verdadero reflejo en
el espejo.
Podéis verla como una simple historia, o buscar un
significado más profundo. Disfrutan tanto adultos como niños. A mi,
personalmente, esta animación me fascina tanto que he llegado a desear que la
vida fuese dibujada en esas dos dimensiones. Junto con Mononoke y Totoro, posiblemente
Chihiro es el plato estrella del maestro de la animación japonesa.
Después de “atreverse” a continuar dibujando
historias con el éxito cosechado con Chihiro, nos ha enseñado historias llenas
de fantasías, entre ellas “El castillo
ambulante de Howl” (Hauru no ugoku shiro) que
pretende seguir los pasos de Chihiro buscando la originalidad.
Es una película repleta de fantasía y de temas recurrentes en Miyazaki, como
los fantasmas y personajes que no sabes si son buenos o malos. Hay situaciones
maravillosas, personajes entrañables, entre ellos para mí el Espantapájaros
mudo quizá sea el más gracioso.
Me encanta la inocencia e ilusión que siente por todo Sophie, la
protagonista, su relación con los demás seres, como el Demonio del Fuego, la vieja bruja o el propio Howl,
un personaje con taaaantos matices…
¿Y qué puedo añadir sobre los dibujos? La estética es de ensueño,
fascinante, con colores suaves en la ciudad y el campo; y oscuros y tétricos en
otras partes donde surgen las batallas y el desastre. Miyazaki es un genio
creando entornos y cualquiera que haya visto alguna de sus creaciones sabrá de
lo que hablo.
Lo más sensacional para mi es la rueda de cuatro colores que hay en la
puerta del castillo, que cambia de lugar e incluso de mundo según se gira. ¿Quién no desearía hacer eso en su propia
casa?
También me fascinó la agilidad del castillo, es como un ser vivo más, y la
verdad que ver a semejante armatoste moviéndose con tanta
gracia por las montañas, o su capacidad para cambiar por dentro y convertirse
incluso en la casa donde vivía antes Sophie, son también geniales.
A este autor se le suelen “desmontar” las películas, perdiendo un poco la cohesión al final. Las conclusiones se alargan, y a veces cuesta entender cómo terminan. Quizás con el Castillo Ambulante ocurre más que en sus anteriores animes.
Al principio creía que podía deberse a que llegaba un punto en el que no sabía cómo terminar esas historias taaaaan complicadas y fantásticas. Luego llegué a la conclusión de que puede tratarse de una mera diferencia cultural. En occidente somos más cuadrados y, por lo tanto, nos resula difícil comprender lo que quizás para los japoneses es evidente.
Lo que sí tengo claro es que aquí no tenemos la imaginación y tradición
fantástica que tienen en oriente. Las historias de espíritus, seres que se
transforman, cambios de energía, son allí la el “pan de cada día” (o arroz en
su defecto xD). Pero gracias a cosas como el cine y la literatura, nuestras
culturas pueden mezclarse y nos permiten llegar a esos mundos maravillosos que
hasta hace poco eran desconocidos para nosotros.
Podría hablar de más películas de
Miyazaki, pero posiblemente estas dos sean mis favoritas. Pese a esto, cada vez
que veo una película suya siento aquel cosquilleo en la piel como cuando vi por primera vez a Totoro, siendo tan sólo una niña.








Me encanta el trabajo de ésta gente. Tardan años y años en sacar algo nuevo, pero cuando lo sacan, alucinas.
ResponderEliminarLa cohesión final de la que hablas, pasa mucho en el Manga y el Anime. Llevo años viendo Anime, y pasa muy muy a menudo, pero creo que se debe a que las leyendas orientales tradicionales, nunca tienen un final claro, siempre lo dejan abierto, para que el estudiante medite sobre ello y le ponga el final que le parezca.
Creo que eso se ha filtrado al Manga, y también en la conciencia oriental en su conjunto, de ahí que pase esto.
Seguramente ya la habrás visto, pero la recomiendo a tus lectores: La Princesa Mononoke.
...y de Otomo: Akira.