En alguna parte del mundo los niños ríen en las calles,
mientras intentan esculpir con la nieve de las aceras el más perfecto o al
menos “su perfecto” muñeco de nieve.
Lo miran ILUSIONADOS admirando su obra, aun sabiendo que desaparecerá en unos
días…
En otros sitios las calles están llenas de ILUSIONES,
ilusiones que vuelan junto a los SUEÑOS que durante todo el año (o quizás toda
la vida) se han guardado bajo la almohada con cien llaves. Sueños que vuelan
entre nosotros que, durante estos días, hacen que nos volvamos un poco mejores,
vuelan entre los niños que plasman esas ESPERANZAS y SUEÑOS en las cartas que
escriben a los Reyes Magos, esperando haber sido lo suficientemente buenos como
para merecer que se hagan realidad. (Casi parece que estoy haciendo un anuncio
de lotería, lo se…)
Los centros comerciales y tiendas están abarrotados de
gente. Padres, madres, familias enteras que, al fin y al cabo, únicamente
quieren sacar a las personas que más aprecian una SONRISA sincera, de
felicidad, de satisfacción, de amor. Vuelven las nostalgias de Navidades
pasadas, y de la gente que ya no está.
Es tiempo de ILUSIONES y SUEÑOS compartidos. Quien más,
quien menos lo cree así. Un tiempo capaz de agitar y revolver nuestras vidas
por completo, que nos envuelve en una niebla de buenos DESEOS e intenciones, que consigue abstraernos de nuestros problemas. Eso
sí, debemos hacerlo siempre con los pies en la tierra.
Porque, básicamente, en eso consiste la Navidad, aunque no
todo el mundo tenga el placer de disfrutar de ella, y menos aún en los tiempos
que corren….
La Navidad nos invita a disfrutar de las cosas buenas de la vida.
Porque siempre hay razones para creer en un mundo mejor…
