Las cosas realmente importantes siempre resultan ser las más difíciles de contar, ya que todo aquello que consideramos importante está siempre ligado a nuestros sentimientos
y deseos más recónditos e inalcanzables…
A veces los secretos más profundamente guardados, los secretos guardados cerquita del corazón, valen muchísimo más si los mantenemos así, en secreto. Otras veces deberíamos decirlos a gritos por mucho temor que nos de hacerlo. Por ese miedo a que todo cambie.
En otras ocasiones no necesitamos ni siquiera utilizar las palabras para revelárselos a esa persona que forma parte de nuestro secreto… Mejor dicho... Esa persona que posiblemente sea más importante que el mismo secreto (¡y ya es decir!)
Y poniéndome en esa situación, me atrevo a decir que ahí es cuando las palabras sobran, porque en ese momento los mejores oídos son los abrazos, los besos y las caricias… Las sonrisas, miradas y gestos de cariño…
Es ahí dónde empieza el juego, el “intercambio de secretos”.
Solos los dos, cómplices de secretos y de sentimientos.