Solemos sobrevalorar las palabras, cuando tan sólo son un ínfimo complemento de entre todas las cosas con las que podemos llegar a expresarnos…

martes, 25 de noviembre de 2014

Soy.

Soy del tipo de persona que difícilmente se rinde ante algo, pero que a la mínima dificultad parece que se le cae el mundo encima. Soy una exagerada que se ahoga en un vaso de agua casi vacío. Me encanta quejarme, pero siempre busco soluciones a los problemas.

Muchas veces no pienso lo que digo y me arrepiento al momento de hablar. Soy capaz de dejarme llevar sin pensar en las consecuencias. Primero actúo, y así me va.  Soy de las que repiten “yo me entiendo”, aunque en realidad no me entiendo ni a mí misma. Soy muy fácil de convencer.

No suelo preocuparme por el pasado, tampoco pienso mucho que hacer en el presente, y menos aún tengo nada escrito para mi futuro.

Siempre que alguien necesita un consejo estoy allí para dárselo, consejos que yo misma debería seguir pero no hago. Odio preocupar a las personas, suelo llevar mis problemas por dentro y procuro quitarles importancia, aunque acaben destruyéndome.

Confío ciegamente en la gente aunque luego me lleve la gran hostia.  Pero ante todo, soy el tipo de persona que vuelve a levantarse y que, sin querer, sonríe para aparentar ser mucho más fuerte de lo que es en realidad. Aunque muchas veces me siento demasiado pequeña, débil, vulnerable como para fingir tal cosa.

Reconozco ser muy, MUY cabezota, y en algunos aspectos caprichosa. Miento, sí, todos lo hacemos y quien diga que no miente (valga la redundancia). Aunque procuro que sean mentiras piadosas no siempre logro que así sea.

Soy del tipo de persona que odia sentirse sola, pero que adora dar largos paseos hasta casa escuchando música. Me gusta tener tiempo para mí misma, el tiempo suficiente para que los malos pensamientos huyan de mi mente. Me encanta quedarme sola en casa viendo series y películas en vez de salir por ahí, aunque prefiera hacerlo con compañía.




Lo sé, soy imperfecta, pero al menos reconozco todos y cada uno de mis defectos. Y me encantan.



viernes, 7 de noviembre de 2014

Putada del Destino.

Destino lo que has hecho es una putada. Y también una patada, fuerte, demasiado fuerte. De esas que te dejan sin respiración. De hecho eso es lo que has logrado.

¿Sabes? Deberías avisar de este tipo de cosas. Pero no… Te gusta pillarnos por sorpresa y hacernos picadillo. Al final somos una mierda, eso es lo que somos. Somos frágiles, como copas de cristal, corazones de insecto o pompas de jabón.

Porque un día estamos pero al día siguiente ya no. Sin más… Lo peor es cuando no somos nosotros quienes “nos vamos”,  cuando somos los que estamos al otro lado, en eso momento nos desmoronamos, nos rompemos en mil pedazos. 

Y al final no hay más que eso, tener que jodernos y tirar para adelante, o al menos intentarlo… Porque no podemos hacer nada, únicamente decir: La vida continúa. ¿Pero continúa para quién? Es complicado pensar en ello al ver cómo se la arrebata de las manos a otros.

Maldito destino que encima consigues que nos sintamos de esta manera tan… estúpida. Intentando autoconvencernos de que nada de esto es real. Que tus actos han sido una broma, y que en cualquier momento alguien nos dirá: ¡Inocentes…!

Qué impotencia, qué rabia. Qué ganas de darle una hostia al mundo a ver si así se arregla y queda en orden, a ver si así consigo que todo sea como me gustaría. Quizás ahora sería útil inventar una máquina para volver al pasado e intentar cambiar el presente, o al menos entenderlo. Hay tantas cosas que ya no podrán ser, por culpa de ti Destino

¿Y qué nos queda? Pues derramar lágrimas en silencio, y ante todo recordar los buenos momentos, y sonreír para seguir adelante, que eso que es lo único que podemos hacer.

Ah, y también dar las gracias a quien arrancaste de nuestros brazos y a todo lo que te llevaste consigo, sobre todo por haber formado parte de nuestras vidas...








Gracias.