Soy del tipo de persona que
difícilmente se rinde ante algo, pero que a la mínima dificultad parece que se
le cae el mundo encima. Soy una exagerada que se ahoga en un vaso
de agua casi vacío. Me encanta quejarme, pero siempre busco soluciones a los problemas.
Muchas veces no pienso lo que
digo y me arrepiento al momento de hablar. Soy capaz de dejarme llevar sin pensar en las consecuencias. Primero actúo, y así me va. Soy de las que repiten “yo me
entiendo”, aunque en realidad no me entiendo ni a mí misma. Soy muy fácil de convencer.
No suelo preocuparme por el
pasado, tampoco pienso mucho que hacer en el presente, y menos aún tengo nada escrito
para mi futuro.
Siempre que alguien necesita un consejo estoy allí para
dárselo, consejos que yo misma debería seguir pero no hago. Odio preocupar a
las personas, suelo llevar mis problemas por dentro y procuro quitarles importancia,
aunque acaben destruyéndome.
Confío ciegamente en la gente aunque
luego me lleve la gran hostia. Pero ante todo, soy el tipo de persona que vuelve a levantarse y que, sin querer,
sonríe para aparentar ser mucho más fuerte de lo que es en realidad. Aunque
muchas veces me siento demasiado pequeña, débil, vulnerable como para
fingir tal cosa.
Reconozco ser muy, MUY cabezota,
y en algunos aspectos caprichosa. Miento, sí, todos lo hacemos y quien diga que
no miente (valga la redundancia). Aunque procuro que sean mentiras piadosas no
siempre logro que así sea.
Soy del tipo de persona que odia sentirse
sola, pero que adora dar largos paseos hasta casa escuchando música. Me gusta tener
tiempo para mí misma, el tiempo suficiente para que los malos pensamientos huyan
de mi mente. Me encanta quedarme sola en casa viendo series y películas en vez de salir por ahí, aunque prefiera hacerlo con compañía.
Lo sé, soy imperfecta, pero al
menos reconozco todos y cada uno de mis defectos. Y me encantan.