Solemos sobrevalorar las palabras, cuando tan sólo son un ínfimo complemento de entre todas las cosas con las que podemos llegar a expresarnos…

miércoles, 29 de febrero de 2012

El que tuvo, retuvo...


Algunas veces me pregunto dónde han podido quedar todas aquellas cosas que existieron y que en algún momento perdimos por el camino de la vida. Las amistades, familiares, amores, todas esas historias que tuvieron su momento y su protagonista y que por una razón u otra ya no nos acompañan.

¿Es cierto eso de que "el que tuvo retuvo"? ¿O simplemente hacemos una especie de “reseteo mental” y olvidamos todo, sin dejar ningún tipo de poso o rastro de esa historia en nosotros?

Contadas veces me pregunto que harán aquellas personas que en algún momento fueron parte de mi vida y ya no están en ella. También me pregunto si esas personas se pararán un segundo a pensar en qué habrá sido de mí. Es realmente increíble cómo en un instante alguien que era muy importante para ti pasa a desaparecer de tu vida, llegando un punto en el que está tan desconectado de ti que incluso dejas de acordarte de esa persona.

Con el paso del tiempo me voy dando cuenta de que, aunque sea duro decirlo, no existe nada ni nadie imprescindible en nuestra vida. Solo tenemos pérdidas (más o menos dolorosas). Pero nadie es 100% imprescindible, porque incluso en el peor de los casos tiramos para delante. Depende de qué o quién fuera nos costará más o menos “superarlo”; pero llega un punto en el que aprendemos a vivir sin esa persona y al final, terminaremos "olvidándola" y sólo nos quedará un leve recuerdo al que recurriremos según la trascendencia que haya tenido en nuestra vida.


Es triste, pero lo utilizamos como mecanismo de supervivencia (defensa) puro y duro. Porque ¿Creéis que podríamos seguir con nuestra vida así como así, teniendo que llorar por siempre a todos aquellos que de algún modo perdimos?

Es el tiempo, artífice del olvido, al menos si el sujeto o cosa que queremos olvidar realmente era importante para nosotros. El tiempo, arma de doble filo, que nos permite olvidar tanto lo malo como lo bueno, para así mezclarlo todo y dejarlo abandonado en algún lugar ajeno a nosotros mismos, para que dejemos de ser (en parte) quienes fuimos y dejemos espacio a quienes nos disponemos a ser. 


miércoles, 1 de febrero de 2012

¿Cuál es la receta mágica de los sueños? ¿De qué está hecha la felicidad?

Ojala tuviese la fórmula química para metérmela por vena cada vez que me invade el síndrome de abstinencia. Según lo que he estudiado, tiene en parte dopaminas, endorfinas, oxitocinas, serotoninas... Todas esas -inas, esas malditas hormonas que todo lo controlan. Esas pequeñas hijas de su madre absolutistas que deciden que "hoy si" y "mañana no".

¿En que sitio tengo que pulsar para producir todas estas moléculas a raudales? ¿Cuál de mis botones ha tenido un cortocircuito? Lo admito, soy una yonki de la felicidad y ahora que sus efectos flaquean muero (¿o mato?) por la siguiente dosis.

Quien piense que estar muy contento únicamente tiene aspectos positivos está completamente equivocado. A veces uno llega a estar tan colocado, que cuando se queda sin su “chute” es una caída en picado, como bajar una cuesta sin frenos. Pasas del punto más alto al más bajo a la velocidad de la luz (para que luego digan que no se puede viajar tan rápido xD)

Opino que es el síndrome de abstinencia más peligroso que existe. Y es precisamente en esos momentos en los que no siento tanto sus efectos (Depresión post-examen de la especialidad mal hecho xD), cuando caigo en la cuenta de lo “colocada” de felicidad que paso la mayor parte de mi tiempo...

Esto hace que me plantee varia cosas…

¿Cuál es el estado “natural”? ¿La felicidad o la tristeza? ¿O es ese punto intermedio entre ambas, tan anodino y a la vez tan socorrido? Si existen hormonas que te hacen feliz, ¿las hay que hagan lo contrario? ¿Que te hagan infeliz? ¿O quizás es la "falta de felicidad" (no podemos confundirlo con infelicidad) el estado natural por defecto?

¿Hay ciertas personas que, por naturaleza, producen grandes cantidades de las que podemos llamar “hormonas felices”? ¿Es eso lo que diferencia al optimista del pesimista? Y lo más importante de todo ¿Se puede todo reducir a la bioquímica?

Menos mal que existe la música. Yo creo que algunas canciones incluso contienen cierta parte de esa fórmula mágica...


Os dejo en compañía de Mago de Öz y su "Hoy toca ser feliz"






PD: Como Enfermera que soy, lo normal sería que me dejara de absurdas divagaciones filosóficas y buscara lo que dice la literatura científica de todo ello... Pero es que no hay nada más aburrido que un artículo científico.... Prefiero dejarlo a mi imaginación... A lo que yo siento....


H.M.R.