Hay veces en las que uno duda. Dudar es cuestión de principios. De
prioridades. En muchas ocasiones, no sabemos que decisión tomar, o no la
tomamos porque lo sabemos. Hay un largo camino que recorrer, y las
intersecciones en él se encuentran día a día.
Creo que dudar de
algo nos convierte en individuos especiales. Pensaréis que todo el mundo
duda, y no es así. Algunos tienen todas sus ideas claras. Otros cuentan
con una inseguridad tan grande que esta solo les hace daño. Y los
últimos intentan atenerse a la realidad: habrá momentos de dudas y
momentos de tener las cosas claras.
Hoy me gustaría recomendaros
dudar: hacedlo cuando el alma os lo pida. No podemos resignarnos al
hecho de tener claro que, tras la duda, vendrá la mejor decisión.
Errar
es el pan nuestro de cada día. La duda no es más que el alimento del
alma: la hace crecer, madurar y no volver a tropezarse con la misma
piedra.
Y en nuestras manos queda aceptar esto.
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