Solemos sobrevalorar las palabras, cuando tan sólo son un ínfimo complemento de entre todas las cosas con las que podemos llegar a expresarnos…

jueves, 8 de octubre de 2015

Éxito o Fracaso

Deberían enseñarnos desde pequeñitos qué significa fracasar. Ciertamente no nacemos prepados para afrontar el fracaso, y crecemos con la idea equivocada de que la vida siempre será fácil y perfecta. Crecemos pensando que ser adulto es una tarea súper fácil y que en unos años, cuando seamos mayores, y al torcer una esquina nos encontraremos el momento en el que todo se habrá solucionado, habremos conseguido todo y nuestra vida será como volar por el cielo sin que exista ninguna posibilidad de que nos caigamos. Y sí, también creemos que cuando alcancemos ese “algo”, también encontremos a “esa” persona, todo esto unido a la concepción de que si tomamos las decisiones correctas nuestra vida será fácil, sencilla.


¿Parece pan comido no?

Nos taladran la cabeza con la imperiosa necesidad (o ansia) de tener éxito en la vida, de lograrlo, agarrarlo con las dos manos y hacerlo nuestro, por los siglos de los siglos, amén. Prácticamente nunca nos dicen que los fracasos siempre son más importantes, que no debemos esquivarlos como si de una enfermedad contagiosa se tratasen, que no debemos verlos como duras pesadillas, porque es en los fracasos donde aprendemos las mejores lecciones. Son los fracasos y los errores, los que nos ayudan a ir por el camino correcto aunque no siempre lo encontremos a la primera. Lo que define nuestra existencia es que la construimos nosotros solos, a base de momentos, situaciones, conversaciones, aunque dichas cosas son efímeras, sobre todo lo son las buenas, las mismas que quisiéramos que durasen por siempre. Pese a ser breves son estas experiencias las que nos hacen ser quienes somos, desgraciadamente a veces influyen más las malas que las buenas, por eso mismo no debemos dejarnos vencer, sino seguir hacia delante.

Está claro, las personas nos pasamos la vida soñando con poder vivir en un cuento de hadas, pero la vida está llena de todo menos de eso, más bien vivimos en un cuento épico, o de aventura, quizás de guerra, de lucha, de perseverancia, de valor, de esfuerzo, de pasión, de amor... Supongo que cada uno vivimos un tipo de “cuento”, aunque yo procuro vivir cogiendo un poco de cada uno de ellos.

Y volviendo a lo de antes… No hay profesores ni expertos en el fracaso. Nos hablan de lo maravilloso que es lograr el éxito, nos prometen que al final de un (falso) arco iris la vida cobra su máximo sentido y logramos lo que nos habíamos propuesto sin esfuerzo. Nos meten en la cabecita que el éxito es la solución a todos nuestros problemas, pero ese éxito que nos enseñan es un éxito efímero, uno que no va a satisfacernos del todo, que nos hace necesitarlo cada vez más, como si de una droga se tratase nos vuelve adictos. Es un éxito que nos convierte en personas envidiosas, celosas, egoístas y obsesivas. Es un éxito enfermizo.

La vida es algo incierto, está llena de extremos opuestos, de experiencias buenas y malas, de contradicciones, de dudas, de miedos (vale sí… También tiene muchísimas cosas buenas pero esas ya os las sabéis…). Nuestro éxito sólo depende de nosotros mismos, de lo que estamos dispuestos a dar, depende de si nos atrevemos, si nos arriesgarnos y lo damos todo por una idea, un sueño o una persona. El éxito se define por nuestras decisiones, aunque algunas puedan hacer daño a los que nos rodean, si es algo bueno para nosotros a veces debemos intentarlo… 


Porque hasta las buenas decisiones pueden doler.


 


No hay comentarios:

Publicar un comentario