A todos nos llega en algún momento un día en el que, de repente, nos damos cuenta de aquellas cosas que no hicimos bien, o que no hicimos de la forma en que debíamos o aquellas que bueno, simplemente no hicimos...
Ese día algo en nosotros cambia por completo…
Nos damos cuenta de que vivimos medio perdidos, ausentes y no sabemos muy bien cómo retomar actitudes anteriores. Sin saber cómo llegamos a este punto, comenzamos a darnos cuenta de que no íbamos por el camino correcto, y en ese momento todo se torna gris. Puede que incluso deseemos volver atrás para variar el rumbo de las cosas, pero al ver que no podemos, nos sumimos en un estado de espeluznante claridad mental.
En ese momento las cosas pierden ese aire gris que las envolvía, y la vida nos da la oportunidad de saber en qué erramos y qué es aquello en lo que no queremos incidir en el futuro. Nos da una oportunidad para mirarnos en el espejo y contarnos quiénes queremos ser e, incluso, con quién queremos compartir las nuevas experiencias.
Nos permite vivir nuevas realidades de manera distinta a las anteriores, eso sí, afrontándolas con ganas, empeño y curiosidad, mucha curiosidad y ganas de APRENDER de los errores, que para eso vivimos y es lo más interesante de este nuestro viaje que es la vida.
Nos otorga, por fin, el VALOR necesario para echarle ganas a la vida y tomar las riendas de nuestro propio destino… Pero sobre todo, de ser felices de la manera en que nosotros mismos queramos.

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