Una noche llena de brillo y de celebración. Una noche inundada por litros de alcohol, adrenalina en estado puro y éxtasis flotando en el aire.
Una noche en la que su emblema, un simple racimo de uvas une a todo un país. Una noche que no termina a las doce, precisamente es ahí dónde comienza.
Una noche en la cual te permites llamarte Jack Daniel's cuando te acercas a la barra del bar. Una noche en la que juras, con la “última copa” en la mano, más ebrio de sueños que un romántico, todos esos ridículos propósitos, que cada año prometemos…
Pues yo no pienso apuntarme a un gimnasio. Seré tan despistada y olvidadiza como siempre. El chocolate seguirá formando parte de mi dieta. Intentaré hacer aquellas cosas que sólo se pueden hacer una vez en la vida.
¿Lo hago, no lo hago? LO HAGO.
¿Me lanzo, no me lanzo? ME LANZO.
Cambiaré de rumbo si fuera necesario. Apostaré todo a una carta si creo en ello de verdad. Seguiré escuchando eso de "Helena, estás loca". Me equivocaré (no lo descarto). Aprenderé... Descubriré.... Improvisaré.
¿Cuáles son tus (verdaderos) propósitos?
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