Cada uno siente el espíritu de la Navidad de forma diferente. Para mí significa hacer feliz a los míos y echar una mano en lo que pueda. En definitiva, dar sin esperar nada a cambio.
La sensación de hacer algo por los demás es muy gratificante. Hace que nos olvidemos que somos el “centro del mundo” para volcarnos en otras personas.
Creo que estas Navidades, más que nunca, por la difícil situación que atraviesa la sociedad, debemos aportar nuestro granito de arena. No es cuestión de dinero. Todos tenemos la capacidad de pintar una sonrisa en el rostro de nuestros semejantes.
El pincel con el que hacerlo lo dejo a vuestra elección.
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